Dos mil y catorce

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Y es que cada año esto comienza antes …

Hace unos años el pulso de una nueva edición se comenzaba a sentir a partir de mediados de septiembre. Por esas fechas todos los promotores de festivales se lanzaban al asalto de las agencias inglesas más importantes en busca de la contratación que les asegurase la temporada. No era difícil encontrarse con otros directores mientras ojeabas la revistas del gremio en la sala de espera e intercambiabas con ellos  unas cuantas palabras llenas de regates y disimulos…

– He venido a ver qué tal los fulanitos … Dicen que van a sacar disco.

Sabes perfectamente que no, y además son la última de tus opciones.

– Pues nosotros veníamos a saber de menganitos, pero no estamos dispuestos, te lo juro por Bon Jovi, a pagar más de 100.

Cuando en realidad ya llevas escrita una propuesta por 300.

Incluso cuenta la leyenda que alguno llegó a las manos durante esa tensa espera. Imaginaos la cara de felicidad del agente inglés cuando sabía que en la puerta de su oficina dos promotores españoles se estaban partiendo la cara literalmente por la contratación de alguno de sus aristas.

Ese era el momento en el que se daba el pistoletazo de salida a una nueva edición de un festival. Mediados de septiembre.

A partir de ahí se iniciaba un calvario para el promotor comparable al guión de una temporada completa de Game of Thrones. Con un poco de fortuna, cuando te ibas de vacaciones de Navidad a finales de diciembre tenías perfiladas un par de bandas importantes, pero nada de confirmaciones, todo en el aire.  De ahí y en cuanta gotas las semanas las pasabas confirmando bandas pequeñas y no era hasta la primera semana de febrero cuando comenzabas a respirar algo más tranquilo al ver que el cartel estaba prácticamente completado y dependiendo de tu habilidad, el azar y tu falta de pretensiones podías plantarte en una rueda de prensa con los deberes más o menos realizados.

Os podría decir que echo de menos aquellos tiempos, que esa era la esencia de nuestra profesión. Que de esa manera el promotor con una estrategia más trabajada tenía muchas más opciones de llevarse el gato al agua. Pero si lo dijera, mentiría. Aquello era una jodida pesadilla y el estrés de aquellos meses te robaba años de vida. Malos recuerdos, muy malos recuerdos de discusiones infinitas para conseguir la unanimidad necesaria para ser fuertes en ese momento y tener la paciencia para cerrar a la banda adecuada y no a otra.

Hoy en día todo ha cambiado. Las bandas ya no venden discos, sus discográficas ya no pueden imponer sus criterios territoriales como estrategia de promoción y el artista y sus managers deben asegurar sus ingresos vía actuaciones en directo. La crisis mundial es fuerte pero existe un circuíto internacional de festivales que resiste bien en tiempos en los que otras fuentes de ingresos se cierran. El festival actúa también como plataforma de promoción y por el simple hecho de aparecer en el “line up” de unas cuantas de las citas más relevantes del momento puede asegurar el despegue de una banda joven o ayudar a mantener el estatus de “grande” a una banda ya consolidada. Casi es más importante negociar un “spot” de cabeza de cartel los certámenes más prestigiosos que asegurar una buena distribución del disco. El mercado tradicional de las discográficas muere, el del directo está en buena forma. Y es más, una buena actuación en un festival con las consiguientes críticas positivas por parte de la prensa y de los aficionados vía redes, puede ser la excusa perfecta para conseguir una gira de salas en un determinado territorio. Sin la promoción del festival esa gira sería impensable.

Por poner un ejemplo, es mucho más viable afrontar ahora mismo en España una gira de los Dexys que antes de su paso por el Auditori del Primavera Sound (todo y que en este país vivimos en una frustrante anomalía debido al exagerado incremento del Iva cultural que hace muy difícil la competencia frente a otros territorios de nuestro entorno).

Por lo tanto, la consecuencia lógica es que las bandas, sus managers y las agencias que los representan cada día están más preocupados en conseguir un buen contrato y asegurar el horario adecuado de actuación en el mayor número de festivales con capacidad de generar “ruido mediático”. Para ello, la planificación de la gira comienza mucho antes y ya no es nada extraño que a mediados de junio tengamos encima de la mesa la posibilidad de cerrar unos cuantas bandas de las que serán consideradas “cabezas de cartel”. Un par de viajes a Londres y otro más a NYC y LA y a mitad de julio ya puedes tener el cartel de la próxima edición bastante adelantado. Y como las bandas que más adelantan su agenda son las más “grandes” el promotor puede prever con mucha más antelación cuál es el presupuesto que va a tener que manejar y concentrarse con calma en la contratación de las bandas menos evidentes y que mayor esfuerzo pueden necesitar, cosa que en nuestro caso es fundamental porque en realidad son esos nombres las que le dan el brillo al cartel.

Resumiendo, que estas vacaciones van a ser muy tranquilas, mucho…. Nos podemos ir  sabiendo que gran parte del cartel está prácticamente cerrado y que el 2014 va a ser un año muy bueno.

Algo que ya ocurrió en el 2013 y que espero que se mantenga como constante en el futuro. Mientras esto siga así, podremos centrarnos en desarrollar los nuevos proyectos en los que nos hemos embarcado: consolidar la edición portuguesa, seleccionar buenos lanzamientos para El Segell, mantenernos firmes vendiendo vinilos en La Botiga y hacer llegar nuestras giras a más rincones de la geografía española y afianzar nuestra presencia en Francia y Portugal. Un sueño impensable para un pequeño grupo de amigos que empezó en esto del directo hace más de 20 años con el único capital que el amor por la música. Un sueño hecho realidad gracias a todos vosotros.

Gabi

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3 respuestas a Dos mil y catorce

  1. cetina dijo:

    Es curioso como un formato tan chungo como el mp3 puede haber cambiado tanto el panorama musical. Y es triste como, por culpa de unos gobernantes que sólo aprecian la cultura por su valor económico, ahora somos un 21% más incultos.
    ¡Salud!

  2. ¿Cómo seleccionáis a las bandas más pequeñas?

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