Músicas.

Aprovechando que me habían invitado a unas charlas sobre la situación de los festivales en la nueva era musical viajé la semana pasada desde México a Costa Rica a visitar unos amigos en el Caribe Sur del país.

Pepo y Sònia lo dejaron todo para alcanzar el sueño de abrir un pequeño eco-lodge en el paraíso costarricense. La Kukula Lodge está situada cerca de Puerto Viejo, un pequeño pueblo en antaño  dedicado a la recolección del Cacao y que hace unos años se reconvirtió para atraer a un turismo exigente que busca la tranquilidad de uno de los últimos espacios vírgenes que quedan en el Caribe.

No era la primera vez que les visitaba y ya andaban avisados desde mi última estancia de mi interés por presenciar alguna actuación de auténtica música Calypso. Mi curiosidad me había llevado tras la pista de Walter Ferguson, un mito viviente de este tipo de música nacido en Panamá pero establecido desde su infancia en el vecino pueblo de Cahuita. Tras varias gestiones de Pepo tuvimos que desistir en la idea de poder entrevistarnos con  él y finalmente aceptamos que una vez más solo podríamos presenciar algunas actuaciones de jóvenes bandas de reggae locales. Por eso la sorpresa fue bien recibida cuando por casualidad tuvimos la oportunidad de presenciar una espontánea sesión de calypso en un bar del pueblo de pescadores de Manzanillo, muy cerca ya de la frontera con el vecino Panamá. La improvisada banda utilizaba unos curiosos tambores metálicos, fabricados con latas de pintura y una especie de contrabajo de dos cuerdas con un sonido muy peculiar. Les acompañaban también un par de guitarras y una especie de fanfarria que sonaba como a comparsa carnavalesca. Las canciones eran cantadas en “patuá” una mezcla de inglés y términos africanos muy típica del Caribe que varía en función del país en el que se habla . Charlando más tarde con los músicos me contaron mil anécdotas de la evolución de ese estilo y de como poco a poco se ha ido perdiendo en manos de los nuevos ritmos que llegan del norte.

De vuelta al hotel no podía dejar de pensar en lo privilegiado que me sentía al haber podido ser testigo de una tradición que quizás dentro de poco tiempo se perderá por completo. Y esa pérdida nos hará un poco más pobres y mucho más infelices porque sin ella estaremos perdiendo buena parte de la autenticidad del verdadero arte, aquel que nace de la necesidad de ser narrado.

Desde Primavera Sound no podemos dar cabida a todas esas voces que hacen de la música un elemento singular de la comunicación humana. Tampoco lo pretendemos. Pero lo que si podemos es cultivar el amor hacia esa parte esencial de nuestras vidas. Por eso pensamos que debemos trabajar en esforzarnos por demostrar año tras año que un festival puede ser algo más que la reunión de bandas de moda. Que un evento de estas características debe ser en realidad un punto de encuentro para las personas que aman la música dirigido por personas que sienten del mismo modo.

También os quería hacer saber que la primera semana de febrero revelaremos  por fin el cartel de la próxima edición. Un día que esperamos  se convierta en especial para todo ese tipo de gente. Para nosotros, después de todo un año de trabajo, seguro que lo será.

Gabi

 

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