El mundo en sus manos

A unos les gustará más y a otros menos pero la industria musical tal y como la conocimos en el siglo XX ha desaparecido. Internet y su efecto inmediato se ha apoderado de los equipos de sonido de las nuevas generaciones y los hábitos de consumo cultural han cambiado radicalmente.

Cuando  yo era adolescente me podía considerar un privilegiado si conseguía hacerme con un par de vinilos originales al mes. Sumando las cantidades invertidas por mi círculo de amigos más cercano quizás podía llegar a escuchar cinco o seis novedades . No más. Para ir más allá debías de agudizar el ingenio e intentar que algún fanzine aceptase tu colaboración o tratar de estafar a alguna tienda de discos con uno de los métodos clásicos de la época. Nuestra necesidad era tal que recuerdo que en la Universidad montamos un sistema de préstamo entre los estudiantes para de esta forma aumentar nuestras colecciones a base de cintas TDK.

Pero también es cierto que fruto de aquella escasez desarrollamos un sentido crítico razonablemente elevado. Había que pensarse mucho en qué iba uno a invertir los ahorros del mes, y una vez que lo habías hecho las escuchas se multiplicaban para sacarle el rendimiento adecuado. En aquellos tiempos uno escuchaba decenas de veces seguidas el último disco que se había comprado. Errar en la elección del disco era un delito que ibas a pagar durante meses!!!

De esa manera los gustos de la gente se hacían mucho más sectarios. Generalmente uno dominaba más o menos un estilo musical y las bandas que lo representaban y se hacía fan de ese tipo de artistas. Conforme uno iba creciendo e iba variando de estilos se terminaba por conseguir una visión algo más general de la historia de la música. Pero vaya, que lo normal era que en los 80’s, si uno rondaba los veinte años de edad y tenía cierto aprecio por la música perteneciese a alguna de las tribus existentes. A finales de los ochenta y principios de los noventa eso empieza a cambiar gracias en parte a la popularización del compact disc y a la mejora  de las economías de occidente.

Pero no es hasta principios del presente siglo que todo muta radicalmente coincidiendo con la llegada a nuestros hogares de la conexión ADSL. De golpe la gente puede acceder con un solo clic y a un precio quizás más bajo de lo razonable (ojo que no gratis) a un archivo global que incluye casi la totalidad de las obras editadas en los últimos cien años.  Ahí es nada. Y como es normal, los hábitos de consumo varían. No sé si a mejor o a peor, lo que sí que está claro que la manera en que las nuevas generaciones van a aproximarse a la cultura en general es muy diferente a cómo lo pudimos hacer nosotros en el pasado.

En todo caso me parece un paso muy importante y creo que en el futuro podremos medir el éxito de las sociedades según el grado de acceso del que dispongan  a ese conocimiento.

Claro está que todos estos cambios han dejado en fuera de juego a la obsoleta industria musical que ha sido incapaz de generar una respuesta positiva ante los desafíos que el progreso tecnológico ha producido. Las viejas formas de recaudar ingresos han caído en picado y el sistema se ha resentido hasta desdibujarlo. Los viejos modelos de promoción donde el sello era el centro de todo han sido substituidos y hoy en día las bandas se ven obligadas a buscar nuevos canales de distribución y a apoyarse más que nunca en la música en directo.

El mundo de los festivales de música en directo tampoco se ha quedado al margen del cambio. El asistente medio a este tipo de eventos tiene una base de referencias mucho más amplias que hace 25 años y por lo tanto está más abierto que nunca a asimilar propuestas nuevas. El programador de festivales debe saber adecuarse a los nuevos tiempos y adoptar una postura activa para actuar a modo de filtro entre la inmensidad de la producción actual y su público. Las grandes bandas que servían en antaño de reclamo cada vez son menos y el futuro no parece que vaya a renovar ese modelo. Cada vez son más importantes las bandas medias y pequeñas que  deben de dejar de ser meras comparsas para erigirse como el verdadero reclamo del festival.

Una situación ideal el Primavera Sound y eventos similares que apostaron ya hace años por transitar por ese camino. Nuestra experiencia nos dice que cada vez es mayor el número de personas que disfruta de los escenarios más alternativos y que el espacio dedicado a nuevas propuestas debe ir creciendo año tras año puesto que la demanda se ha vuelto mucho más inquieta.

El próximo martes a las doce de la mañana daremos una nueva tanda de confirmaciones. La conformarán las bandas que actuarán este año en el escenario ATP. Y son precisamente este tipo de bandas las que deben marcar el éxito de la próxima edición. No nos valdrá refugiarnos en la solvencia de los grandes nombres, nuestra obligación como programadores del Primavera Sound es la de acertar en este tipo de propuestas. Son los tiempos que corren y a nosotros nos hacen felices.

 

Gabi

 

PD. Seguimos con las canciones que más nos han gustado este año pasado.

 

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